Es al sur de la provincia de Badajoz donde se abre la comarca de Tentudía, compartiendo sierra y dehesa con las vecinas tierras de las provincias de Huelva y Sevilla.
Es aquí al abrigo de Sierra Morena donde la dehesa y el bosque mediterráneo conservan todo su esplendor original, un oasis de naturaleza virgen que vive apartada de las miradas indiscretas y ajena al paso del tiempo. Un escenario de naturaleza que se reparte en tres paisajes bien distintos, La sierra, la dehesa y la campiña, tres horizontes donde viven pequeños pueblos medievales que se apiñan en torno a los viejos muros defensivos de castillos ya olvidados. Fortalezas, que a lo largo de la historia dieron forma a una línea defensiva, donde despuntan los castillos de Segura de León y Montemolín.
Desde la población de Bodonal de la Sierra la carretera Ex 103 corre en silencio adentrándose en el corazón del primitivo bosque mediterráneo. Aquí la dehesa y el monte bajo lo invaden todo, dejando solamente algunas manchas de pinares y olivos que crecen junto a los muros de la historia de los pueblos.
Pueblos donde el Cerdo Ibérico, El Cochino, es algo más que una cultura y una forma de vida, es el paisaje de la tierra, la gran herencia de otras civilizaciones que aquí se asentaron. Poblaciones dedicadas a la cría y trasformación de los productos del cerdo ibérico bajo la atenta mirada de la Denominación de Origen. Tal es su importancia que tiene el privilegio de poseer un museo propio, un espacio del conocimiento, interesante y enriquecedor en la población de Monesterio.
Este animal emblemático que en estas tierras es el gran protagonista de la riqueza gastronómica y el responsable directo del gran motor económico que alimenta la comarca y protagonistas de eventos y fiestas populares.
Para el viajero amante de los grandes espacios,la comarca de Tentudia ofrece al viajero la grandeza de su naturaleza, los paisajes únicos de la dehesa y su gran pasado histórico, patente en la monumentalidad de sus ciudades y en las almenas de sus castillos medievales.
Pero también ofrece sus infinitos cielos azules, la alegría de sus pueblos y una gastronomía de la tierra, una cocina vieja ligada a las necesidades del trabajo, una cocina sin prisas, austera y sin sobresaltos, pero llena de los mil matices aromas y sabores que ofrece la gran despensa de sus campos.
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