Es al noroeste de la provincia de Cáceres, ya en tierras de fronteras, donde se levanta un macizo montañoso formado por un abanico de ríos y valle que dan forma a las comarcas de Hurdes y Sierra de Gata, una geografía que se asoma a las Tierras de Granadilla y el Valle del Alagón, un extenso horizonte, de tierras de cultivo y zonas adehesadas por donde se deslizan calmadas las aguas del río Alagón.
La difícil y caprichosa orografía de estos valles de montaña han mantenido en el tiempo un aislamiento que ha servido para conservar una naturaleza única, por donde se descuelgan ríos y rutas de senderismo, donde viven pueblos que atesoran costumbres, y una particular arquitectura, junto con una peculiar forma de vida que ha convertido a estas comarcas en únicas y en un importante destino turístico para descubrir.
Comarcas agrícolas por excelencia, el olivar a formado parte de su paisaje y de su cultura desde los orígenes de la historia, produciendo una variedad única conocida como “Manzanilla Cacereña”, oro líquido envasado bajo la celosa mirada de la Denominación de Origen.
También importante es la producción de, La Miel de gata hurdes, los Quesos de sierra, los vinos de Sierra de Gata y la generosidad de las carnes de Cabrito, que se cría absolutamente bravía, generando carnes enjuta, enteras y muy aromáticas, dando origen a una suculenta cocina tradicional, que se alía en perfecta armonía con los aires lusitanos.
Una cocina, donde el viajero irá encontrando La Caldereta de cabrito al Polen, con laurel en Riomalo de Abajo y Cuchifrito en Caminomorisco y el cabrito al guiso de pastores en Nuñomoral. No podemos dejar la comarca sin degustar otro de los tesoros gastronómicos de estas tierras, Los quesos de cabra, quesos artesanos que se vienen elaborando siguiendo las tradiciones familiares, auténticos manjares para los paladares más exquisitos.
Quesos de manteca blanda y mantecosos, poco salado, acido y picante, con un leve toque aromático y un grado especial de amargor que nos deja un recuerdo de originalidad.
Quesos para acompañar de los excelentes vinos de pitarra de la Sierra de Gata, vinos ancestrales producidos en pequeñas viñas familiares, que llenaban las bodegas de las casas y avivaban las reuniones familiares.
Para el viajero que quiera caminar por estas tierras no solamente se encontrara con una naturaleza salvaje, con pequeños pueblos medievales agarrados a las laderas de la sierra, sino también con una gastronomía auténtica y sencilla, aliñada con los sabores de la tierra y el ingenio del saber popular.
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