Es una orografía difícil, un paisaje de montañas y valles, de grandes sierras que caminan paralelas, un mundo de rañas y roquedos, por donde discurren ríos de vida. La comarca, Villuercas Ibores, la Jara, es una tierra escondida en el suroeste de la provincia de Cáceres, una geografía aislada en el tiempo, herencia de un emergente pasado geológico que le ha valido el título de, Geoparque Villuercas – Ibores- Jara. Pero ante todo, la comarca es naturaleza viva, un santuario donde se dan cita, zonas de especial protección, un corredor ecológico, una reserva biológica, miles de hectáreas de densos bosques, Reserva Nacional de Caza y residencia de pequeños pueblos que viven en uno de los espacios naturales más privilegiados de Extremadura. Son un desfile de pueblos mágicos que atesoran su particular formas de vida y el encanto de la vida rural. Logrosán, Cabañas del Castillo, Deleitosa, Robledollano, Fresnedoso de Ibor y Castañar de Ibor.
Las villuercas ibores, jara, es un destino único para los amantes de los grandes espacios abierto, para disfrutar de experiencias guiadas dentro de un turismo de naturaleza desde las comodidades de hoteles y Alojamientos rurales, para disfrutar del, ecoturismo y agroturismo, para compartir el avistamiento de aves y sobre todo para disfrutar del cielo espectacular, dentro de un turismo estelar.
Un horizonte por donde se adentran vías verdes para la práctica del cicloturismo y rutas de BTT rutas de senderismo que se acercan a restos geológicos, caminos abiertos para un turismo activo que se adentra por los caminos del agua, descendiendo por las aguas del río Tajo, con actividades de piragüismo y rutas en Kayak, por las aguas del Berzocana, embalse de Valdecañas y por los mares interiores del Cijara y Orellana donde se abre un abanico de actividades náuticas.
Para el viajero con ganas de conocer, recomendado son la red de museos y centros de interpretación, espacios del conocimiento que se abren en el CI. Cuevas de Castañar de Ibor, CI. De Arqueología de Berzocana, el museo del Silo en Alías y en el museo Geominero de Logrosán.
Entre sierras y valles, también vive la historia, una historia dormida en, La Puebla de Guadalupe, un entramado urbano de calles retorcidas y sinuosas, de edificios porticados y balconadas de madera, de geranios y jazmines, una arquitectura serrana que le ha valido el título de Patrimonio de la Humanidad, Conjunto Histórico Artístico y uno de los pueblos más bonitos de España. Arropada por la puebla, se alza él, Real Monasterio de Guadalupe. Un tesoro monumental declarado patrimonio de la Humanidad y residencia de los monjes jerónimos que durante siglos guiaron las vidas y almas de los pueblos de la provincia.
El monasterio es una avalancha de cultura, de conocimiento y monumentalidad, un conjunto de edificios que han ido agrupándose a lo largo del tiempo, un desfile de estilos, que pasan por el Gótico, Mudéjar, Renacentista, Barroco y Neoclásico. Unos monjes que no solo dieron forma al tesoro arquitectónico de Guadalupe, sino también atesoraron un rico patrimonio cultural, tal fue la importancia de Guadalupe, que extendió toda su influencia y conocimiento por el joven reino de España y las tierras del nuevo mundo. Cuna de la mejor cocina monacal de España, los fogones de los Jerónimos, marcaron una filosofía en las formas y costumbres culinarias, forjando una cocina rica y sofisticada, destinada a satisfacer los exigentes paladares de Reyes y Príncipes, nobles y priores que desfilaron a lo largo del tiempo por sus dependencias. Una herencia que sigue presente en las mejores cocinas de la comarca.
Pero la comarca es también es un gran destino gastronómico para el viajero que quiera descubrir las bondades de la cocina monacal, de los guisos de caza, de los sabores del otoño, en las jornadas micológicas, del sabor del queso de cabra con denominación de origen, que se alían en perfecta armonía, con el dulce sabor de la Miel de sierra y uno de los mejores aceites de oliva extra, un producto que ha generado una creciente actividad dentro del marco del oleoturismo.
Sabores y aromas para disfrutar de un turismo gastronómico, en los restaurantes que se reparten por la comarca. También afamados y caprichosos son los, aromas del vino, que se abren por un paisaje de viñedos, donde se dan cita un rosario de bodegas que se extienden desde Alía y Cañamero, hasta las mismas puertas de Trujillo, visitas guiadas para conocer los viñedos de sierra, donde crecen las variedades de Macabeo, Garnacha, Tempranillo y Cabernet Sauvigñon.
La comarca Villuercas Ibores la Jara, es un importante destino turístico, para el viajero de naturaleza, para los que buscan perderse en un horizonte infinito, para el amante de la monumentalidad, de la belleza de la piedra y los ecos de la historia.
By. González Borrallo.