Quizás sea el cultivo más extendido de la cuenca mediterránea, tan antiguo como la propia historia de los pueblos y culturas que fueron apareciendo a lo largo de los tiempos. Donde fue la provincia de la Bética, la gran productora de aceite del imperio romano. En Extremadura, 250.000 hectáreas de olivar, avalan y sitúan a la región en la cuarta productora de aceite oliva virgen.
Son las comarcas de Sierra de Gata, Hurdes y Tierras de Granadilla, las que dan forma al paisaje del aceite de oliva en la provincia de Cáceres, un paisaje agrícola de infinitos campos alfombrados por un millón de olivos, árboles centenarios con profundas raíces judías, árboles que trepan por los bancales de la sierra buscando ese sol de la mañana que despierta por la cuerda de Gredos.
Árboles antiguos que nos cuentan historias de viejos molinos de aceite, de antiguas almazaras donde suenan los ecos de usos y costumbres de épocas pasadas. Un horizonte de ordeño y vareo, de manzanilla cacereña, de aromas que inundan los campos y la vida de los pueblos, de almazaras que producen el mejor aceite de oliva, con denominación, Gata-Hurdes, una actividad que alimentan un creciente turismo, toda una experiencia dentro del marco del, Oleoturismo.
Las comarca de la serena y la Siberia, son un horizonte lindero, extenso y llano, que atesora el silencioso paisaje de millones de olivos. Un paisaje agrícola que se repite en la infinita carretera que surca el mar de olivos entre, Castuera y Monterrubio, donde reside la denominación de origen, Aceite de Monterrubio. Es la vecina orografía de la comarca, Ibores, Villuercas, La Jara, la que también esconde uno de los mejores aceites de Extremadura, con Denominación de Origen Protegida. Son olivos de aceitunas, Morisca y Arbequina, de Manzanilla Cacereña, que se reparten por la privilegiada geografía del Geoparque Villuercas.
Es el mismo paisaje alternativo entre olivares y viñedos, es tan homogéneo el horizonte, que a un lado de cualquier silenciosa carretera crecen los olivos de variedades, carrasqueñas y moriscas y al otro lado se extienden los viñedos donde crecen las variedades de, Cencibel, Cayetana y tempranillo. Son las tierras rojas que da nombre a la comarca Tierra de Barros, donde el cultivo de la vid y el olivo representan toda una cultura, una herencia presente en los, Olivos Moriscos de la sierra de Hornachos, una geografía que avala un puñado de Almazaras y empresas envasadoras de la mejor aceituna de mesa.
Para el viajero con ganas de descubrir, Monterrubio de la Serena, atesora él Museo Tecnológico del aceite, también la población de Ceclavín, disfruta de su particular Museo del Aceite, espacios del conocimiento que nos acercan a la oleicultura. La población de Don Benito, también celebra el Salón Ibérico del Olivar. Más al norte, muy interesante es él, Centro de Interpretación del Olivo de Casar de Palomero. También para disfrutar, la población de, Almendral, celebra su Feria del Aceite y el Olivar Ecológico y ya en las villuercas, Ibores, la Jara, las poblaciones de Castañar de Ibor y Peraleda de San Román, celebran, cada año, la feria del Aceite de Oliva.
Los paisajes del aceite en Extremadura, se extienden por valles y sierras, ofreciendo las maravillas de una privilegiada naturaleza, la serenidad y la belleza de la vida rural, que el viajero puede compartir desde las comodidades de la red de hoteles y alojamientos rurales. Paisaje de pueblos serranos, escondidos en las comarcas del norte,de pueblos blancos, de calles empedradas de cal y jazmín que se asoman desde los balcones enrejados.
Un entorno gastronómicos para disfrutar de las bondades del mejor aceite de oliva y la aceituna de mesa en un abanico de ofertas dentro del marco del oleoturismo, un gran escenario donde encontramos oleotecas y tiendas gourmet que ofrecen una selección de los mejores aove. Guías especializados que nos adentran por los secretos del aceite, almazaras que se abren a visitas guiadas y oleoexperiencias, paquetes turísticos de actividades de ocio y experiencia únicas y un turismo gastronómico que atesoran aromas y sabores para descubrir en bares y restaurantes de la geografía del aceite.
Para el viajero que camine por los paisajes del aceite de Extremadura, descubrirá la serena belleza de un escenario agrícola y la simetría de los olivos, los aromas de las almazaras y cientos de agrupaciones, cooperativas y plantas envasadora que producen el milagro del aceite, el oro de la vida para los cientos de pueblos y miles de familias que viven ligadas al cultivo del olivo.
Es la recompensa del largo trabajo de mantener los olivos a lo largo de generaciones, de cuidarlos y mimarlos no solamente como un cultivo que supone un sustento de vida para toda la economía de las comarcas productora, sino como una gran herencia, un legado de valores, de trabajo y de esfuerzo para una tierra y un tesoro gastronómico que aviva las cocinas.
By. González Borrallo.