Puede que parezca un paisaje monótono, infinito y silencioso, pero son campos llenos de vida, miles de hectáreas de tierras rojas donde crecen alternándose con los olivos, las centenarias cepas de las variedades, Macabeo, Cayetana, Tempranillo, Pardina y Garnacha.
Son campos callados, testigos mudos del paso del tiempo, del ir y venir de las culturas y civilizaciones que por aquí caminaron. Campos pegados a los orígenes de la vida y al vivir diario de los pueblos blancos que surgen escondidos entre los viñedos.
Desde Alange a Olivenza, desde Santa Marta a Villafranca de los Barros, desde Almendralejo a Puebla de Sancho Pérez y desde Montánchez a Cañamero, mil caminos distintos recorren esta extensa geografía dividida en seis subzonas vitivinícolas. Matanegra, Tierra de Barros, Ribera Alta, Ribera Baja, Montánchez y Cañamero, un gran escenario que da forma y vida a una de las principales regiones vitivinícolas del mundo.
Durante mucho tiempo la provincia de Badajoz fue la gran productora de vinos, vinos que viajaban a otras regiones llenando bodegas y alimentando las añadas de otros horizontes.
Con la llegada de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, los vinos extremeños emprendieron un largo camino muy definido apostando por la calidad de sus caldos. Una gran apuesta que llevo a la utilización de nuevas variedades a una constante renovación y modernización en las técnicas de producción, nuevos diseños de botellas y etiquetado y una profunda incursión en la búsqueda de nuevos mercados. Ante tal despliegue de logros los vinos y cavas extremeños, perdieron el anonimato hasta llegar a ocupar el merecido lugar que les corresponde en la gran bodega de los vinos excepcionales, los vinos de calidad españoles.
Para el viajero que quiera adentrarse por las tierras del vino y el cava de Extremadura, tiene ante sí un largo camino hasta llegar a tocar el lejano horizonte. Un puñado de ciudades que atesoran, cultura y conocimiento en un interesante, Museo de las ciencias del vino de Almendralejo, en el Centro de interpretación Sierra de los Lagares, en Herguijuela y en un rosario de Bodegas que se reparten por toda la geografía extremeña.
El Enoturismo, es una actividad que está experimentando un profundo crecimiento dentro de la oferta turística de la región, ofreciendo al viajero la posibilidad de disfrutar de la magia del vino en todas sus dimensiones, donde la arquitectura de las viejas bodegas se ha convertido en acogedores lugares de reposo donde descansar el cuerpo y el alma, en un perfecto maridaje hacia la innovación hostelera, donde el enoturismo gastronómico, es un complemento obligado.
Un viaje de experiencias enológicas donde un racimo de bodegas que ofrecen todo un catálogo de actividades, catas degustación y visitas guiadas para acercarse al conocimiento de los procesos de elaboración y crianza.
Junto al constante crecimiento en la calidad de los vinos extremeños, surgen paralelos el acercamiento a la más arraigada cocina tradicional fusionada con las nuevas innovaciones culinarias de chef y restaurantes, que junto con una gran oferta de espacios Gourmet, el viajero podrá disfrutar de todo el gran escenario del vino.
Los vinos y cavas, Extremeños, son vinos nacidos del amor por la tierra, una pasión heredada a lo largo del tiempo, impregnada en la particular historia de los pueblos, en sus costumbres y fiestas populares y en la propia vida de sus habitantes. Enraizado en el vivir cotidiano de los extremeños, formando parte de nuestra cultura y de nuestra gastronomía. Somos tierras del vino.
By. González Borrallo.